Porque se educa en todo momento y en cualquier lugar

Es verano (en España) y durante algo más de dos meses las aulas permanecerán cerradas por vacaciones. Las escuelas e institutos se vacían de alumnos pero no de trabajo… los docentes (al menos la mayoría de ellos) aprovechan para formarse, para reciclarse, para hacer balance del curso y para preparar el próximo.

Cierran las aulas pero la educación no hace vacaciones, porque no solo educa la escuela sino que también educan la familia, los amigos, los medios de comunicación, las redes sociales… la “curiosa” lista de tareas para el verano de un profesor italiano de la que estos días la redes sociales y la prensa se hacen eco es una hermosa muestra de ello.

Porque la educación es cosa de todos, porque se educa en todo momento y en cualquier lugar, todos y cada uno de nosotros debemos estar comprometidos con ella. Padres, abuelos, docentes, monitores de tiempo libre, políticos, psicólogos, deportistas, payasos, cantantes, ingenieros, peluqueros… debemos adquirir el compromiso de tener un comportamiento, una actitud, una manera de hacer y de ser que esté en consonancia con la manera adecuada de educar a nuestros niños y jóvenes.

Lo primero que deberíamos hacer es consensuar unos valores fundamentales basado en los derechos humanos y el respeto a las personas que nos sirvan de guía en todos y cada uno de nuestros actos y acciones. Yo propongo estos 10 valores: flexibilidad, curiosidad, autonomía, emprendimiento, creatividad, tolerancia, cooperación, responsabilidad, transparencia y entusiasmo.
También es necesario que nos comprometamos a dialogar, es decir, que seamos capaces de hablar y escuchar, que aprendamos a debatir siendo capaces de argumentar nuestras opiniones y de escuchar respetuosamente las de los demás. Debatir no es lo que lo que hacen los políticos y menos aún lo que hacen los tertulianos de las televisiones… eso como mucho es discutir o polemizar. El diálogo es la base para una buena convivencia.
Muy relacionado con el punto anterior, debemos ser capaces de proponer, de convencer con argumentos, en lugar de imponer. Tenemos que dejar a un lado el “porque lo digo yo” ya que con este argumento se consigue casi siempre el efecto contrario al deseado. Lo que se impone por la fuerza de la autoridad suele causar rechazo.
Nuestro compromiso con la educación pasa por innovar en todos los aspectos de la vida, es decir, por la búsqueda constante e incansable de nuevas maneras de afrontar los retos, los problemas. La capacidad de afrontar los cambios es una necesidad básica en nuestros días, donde nada permanece donde todo parece estar programado para convertirse en obsoleto en poco tiempo. Por ello, las personas comprometidas con la educación deben ser capaces de crear nuevas ideas, nuevos objetos más allá de lo establecido.
Compartir (en todos los sentidos), más que competir, debería ser el sustento de nuestros actos. No solo compartir para que nadie viva en precario, sin lo necesario para una existencia digna, sino compartir ideas, experiencias. Colectivamente somos capaces de multiplicar nuestras capacidades individuales… ser conscientes de que vivimos en comunidad nos ayudará a comportarnos y a actuar de manera más ecuánime y equitativa.
Estar comprometidos con la educación es ser conscientes de que nuestro ejemplo es un modelo para los demás, de que todos y cada uno de nuestros actos tienen una consecuencia. La escuela es un espacio privilegiado para educar pero no el único, la educación es cosa de todos.
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